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miércoles, 15 de febrero de 2012

Mis primeros frenos

A mediados de los años 70, cuando empecé a esquiar, estaban a punto de desaparecer los frenos como los conocemos actualmente. En su lugar llevábamos unas correas que salían de la fijación y se ataban a la pierna. Vamos, que cuando te caías, había altas probabilidades de que el esquí te golpeara.

Por suerte, un nuevo sistema, que sigue vigente, ya estaba en marcha y se acabaron para siempre las correas. No obstante, siguen siendo la única manera de no perder los esquís si esquiamos en nieves muy profundas. De hecho, hace unos 20 años perdí un esquí en la estación de Pal (Vallnord), en la zona de Comella, donde había nevado mucho. El esquí no apareció hasta que se fundió la nieve.

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